Opinión

Un futuro político de vértigo

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Por Valle Arcos

Casi todos los ciudadanos del territorio nacional, esta vez sin excepciones, estaremos de acuerdo en que el futuro inmediato en cuanto a representación política se refiere pinta extraño, incierto y preocupante. El orden constitucional establecido, parece tambalearse tras la abundante información de encuestas que se suceden ya de forma habitual cada dos por tres.

Cuando han pasado algo más de treinta años del nacimiento de la España democrática y el ciudadano ha interiorizado la confortabilidad de residir en un país con garantías para el ejercicio de las libertades individuales y colectivas, emerge como por arte de birlibirloque un grupo de iluminados sociales dispuestos a acumular seguidores descontentos y atiborrados de razón por el paro, la corrupción y la crisis económica.

Hasta ahora, poco sabemos de hasta donde pretenden llegar con la exclusión de lo que ellos llaman “casta” y “régimen instituido”. Poco conocemos nosotros y sus seguidores, fuera de las proclamas callejeras, cuales serían las líneas de gobierno de la dirección en caso de que llegaran a formar el mismo. En clave de que sistema se proponen actuar, y que precio tendremos que pagar por la “ruptura de lo establecido”; expresión que arengan una y otra vez los líderes del movimiento.

Junto a esto, en el “menú” electoral nos encontramos con uno de los dos grandes partidos políticos hasta las últimas elecciones, el Partido Socialista, que pasa por uno de sus peores momentos. El ciudadano no olvida su responsabilidad directa en la destrucción económica y el tremendo número de parados con que se despidió el gobierno Zapatero en 2011.

Como no ha olvidado, ni olvida, que sus dirigentes están dedicando en estos momentos más tiempo y atención a sus crisis internas, que a remar a favor del despegue económico de nuestro país. Y lo peor de todo, que no toman nota de sus errores y por tanto, están dispuestos a repetirlos.

El otro gran partido en la democracia, el Partido Popular, se ha visto obligado a superar y lo ha hecho con creces, los grandes inconvenientes de haberse visto etiquetado interesadamente por la izquierda como el partido de la derecha, siempre con acepción negativa y no deseable, ligándolo a los cuarenta años de dictadura en nuestro país.

El Partido Popular es un partido sólido que cree en un estado de derechos y garantías, que ha crecido siendo capaz de superar sus propios miedos y centrarse ideológicamente para adaptarse al estadio social de cada momento. Desde su llegada al gobierno central, la mordaza económica que dejó Zapatero con un país al borde de la intervención europea, ha condicionado forzosamente el cumplimiento del programa electoral de Rajoy. Esto, y el necesario saneamiento económico de un país en bancarrota, probablemente han hecho que el ciudadano no haya entendido muy bien la obligada posición del Partido Popular.

Bien, mal o peor para algunos, durante los últimos cuatro años lo que ha hecho el PP ha sido trabajar duro y pagar lo que otros gastaron y no liquidaron, en algunos casos en conceptos incomprensibles. Y mientras, escuchar como el PSOE autor inconfeso de la gran deuda en la gestión de asuntos como la sanidad, la educación, la política social, echaba en cara al gobierno de Rajoy la falta de inversión y lo que ellos llaman recortes.

A todo lo anterior y a modo de fórmula magistral, hay que añadirle el ingrediente de los numerosos casos de corrupción, de los que no ha se ha visto libre ninguno de los partidos aludidos, ni siquiera el recién nacido Podemos.

Ser consciente de ello, es algo que nos ayudará a evitarlo en el futuro. Es verdad que en cualquier colectivo pueden existir desalmados dispuestos a aprovecharse de la cercanía del poder político, pero lo más importante y lo más ingrato, es que para quienes estamos en política por convicción y no por otra cosa, nos resulta muy difícil convencer aún cargados de razones, porque el ciudadano suele meternos a todos en el mismo saco.

Esta es la situación y estos son los mimbres con los que nos vamos a encontrar si los repetidos sondeos de intención de votos reflejan la realidad. El Partido Popular obtendría una mayoría relativa y la fusión de Podemos y PSOE daría un gobierno inestable y un quebrantamiento continuo de cotas democráticas que ya tenemos consolidadas.

Una vez asumido esta posibilidad, el ciudadano de a pie, tiene cada vez menos tiempo para pensar con razonamiento frío que modelo de sistema político quiere para la España de las generaciones venideras y lo que es más importante, que hacemos con los ciudadanos que creen firmemente en un Estado Constitucional y democrático de Derecho, donde la propiedad privada está garantizada por la Constitución, donde la familia y las diferentes situaciones sociales de individuos y colectivos están protegidas y amparadas por las leyes y donde la libertad de expresión y de manifestación está reconocida por la Constitución.

El pacto de gobierno PSOE-PODEMOS, ya es prácticamente seguro en grandes ciudades y esto hará que el partido socialista sucumba, no tenga más remedio que acatar las apetencias de PODEMOS. Pero además, ¿Cómo va a romper Podemos con la “casta” y gobernar con ella? ¿Cómo va a cumplir con sus compromisos estrella en cuanto a la intervención de la banca y la redistribución económica? ¿Cómo va a ser el modelo de gestión municipal y autonómica?

¿Dónde van a quedar los derechos y libertades?, ¿impuestos si, o no? y ¿cómo? ¿desahucios no?, ¿a costa de la propiedad privada?, ¿gobiernos municipales totalitarios? A mi me da miedo, ¿y a usted?

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